viernes, 9 de septiembre de 2016

Paseo mañanero en invierno







Cuando el virus es el bueno

Yoseph Walker 
  
   Cuando el virus es el bueno

  El “Sistema” es como un organismo vivo que se pasea por la naturaleza o sobre ésta y la modifica, la transforma. La cuida o la destruye. El Sistema emana de la propia naturaleza y se desarrolla según las condiciones le sean más o menos favorables. Nuestro pensamiento, nuestras ideas, emanan de nosotros mismos y de nuestra condición y en ellas basamos nuestros actos, nuestros principios, nuestras responsabilidades, nuestros remordimientos. La mezcolanza, el encaje entre nuestra calidad de individuos y la de seres gregarios nos somete a una concepción ética contradictoria en la que además, influye de manera pertinaz nuestra condición de engendro material, físico. Partimos de un substrato, crecemos a partir de él, nos desarrollamos como parte de un entramado del que vamos despuntando como individuos. Bajo nuestros pies se va formando una pirámide de acontecimientos que nos elevan y nos aíslan como individuos, pero a la vez nos mantiene unidos sin posibilidad de escapatoria. cualquier intento de cambio nos conduce hacia esa base común desde la cual podemos intentar un nuevo desarrollo, un camino diferente, siempre y cuando tengamos presentes los aconteceres y las causas reales de nuestra anterior situación.
En la cúspide de esa pirámide se encuentran los individuos, los cuales, a menudo, miran hacia su derecha o hacia su izquierda, miran hacia adelante o hacia arriba. ven a otros individuos y sueñan con un porvenir. Hablan, planifican y ejecutan y se crean nubes o conglomerados diversos que a veces chocan entre sí. Casi siempre se olvidaron de mirar hacia abajo, incluso, les da vértigo mirar hacia abajo.
A veces, cuando las cosas no van bien o alguien se percata de que no van bien, hay quien mira hacia abajo y a pesar de estar dentro de la nube logra vislumbrar el substrato, la base de la pirámide. Entonces se da cuenta de que las otras estructuras no son tan diferentes y de que simplemente, la nube que las envuelve también a ellos les oculta nuestro origen, el substrato común del que todos partimos.
Esas estructuras se generan lentamente, poco a poco. Trabajan asegurando cada paso, cada unión mediante anclajes y sistemas de alerta por si estos fallan. Es un sistema biónico, complejo, activo. los fallos sobrevienen a menudo y se reparan. Pero como todo en la vida, están sometidas a las leyes del tiempo y del movimiento. Se desarrollan, cambian y generan nuevas subestructuras. Con el tiempo los fallos se acumulan y se resuelven con petachos que van debilitando la formación.
La acumulación de fallos desnaturaliza el desarrollo de la estructura que debe volverse sobre sí misma e invertir su energía en asegurar los puntos débiles. La estructura deja de desarrollarse y se enquista. Las alarmas saltan sin cesar y los sistemas de seguridad asfixian y oxidan los engranajes.
Cada vez más individuos comienzan a mirar hacia abajo y comprenden que es necesario volver al origen, reencontrarse con los demás individuos allí, en la base y todos juntos comenzar de nuevo a construir de una manera diferente.
Arriba, en la nube, la estructura tratará a estos individuos como fallos en el sistema, como virus, y lanzará contra ellos sus defensas. Saltarán todas las alarmas, cundirá el pánico y el miedo. esto ocurrirá hasta que al fin la nube se disipe y todos los individuos se percaten de que allá abajo no está el abismo, sino la base, el origen, la verdadera estructura.